EL SOPORTE MATERIAL DE LA CONDUCTA. (LA NEURONA)
Se sabe que la psicología tiene por objeto estudiar la vida mental de los individuos a través del análisis del comportamiento. A su vez, el comportamiento, entendido como manifestación externa, necesita de un soporte material: el organismo físico, regido a su vez por el cerebro y, en último término, por el sistema nervioso.
Las células son las unidades primarias de los organismos vivientes.
Las neuronas son las que constituyen esencialmente el sistema nervioso, las más altamente especializadas y las únicas que no se reproducen (nacemos ya con todas las neuronas).
Las neuronas son las que constituyen esencialmente el sistema nervioso, las más altamente especializadas y las únicas que no se reproducen (nacemos ya con todas las neuronas).
Morfológicamente, las neuronas se distinguen de las otras células porque, además de estar constituidas como todas, por el cuerpo celular, contienen dos ramificaciones filamentosas (dendritas y axón), al final de las cuales se encuentran unos botones que conectan la neurona con otras células, sean motrices, glandulares u otras neuronas. Esta zona de contacto se denomina sinapsis.
El sistema nervioso autónomo controla los cambios del organismo en relación con las sensaciones emocionales recibidas.
LAS FUNCIONES DEL CEREBRO
En la corteza cerebral, se ha podido comprobar, existen determinadas áreas en las cuales se producen las funciones especificas. Veamos cuáles son:
Áreas motoras
Se denominan así aquellas zonas de la corteza dentro de las cuales se originan las funciones motoras o del movimiento muscular, como el movimiento de las piernas o de los labios.
Mediante las experiencias realizadas se ha visto que, estimulando electrónicamente determinadas áreas cerebrales, se puede provocar el movimiento de ciertos músculos. Es decir, se ha podido trazar un mapa del área motora, y saber qué punto de ésta se corresponde con toda actividad muscular.
Cuando una neurona recibe un estímulo (eléctrico, químico, etc.) se producen una serie de cambios en el potencial eléctrico de su membrana, que se transmiten a lo largo del axón hasta las terminales sinápticas.
Áreas sensitivas
Los impulsos que se originan en los distintos órganos sensoriales llegan al sistema nervioso central a través de los nervios sensitivos.
En el tálamo son redistribuidos a las áreas primarias de proyección, que son distintas para cada sentido. Así, el área de control de la vista está en los lóbulos occipitales, las del oído y el olfato en los lóbulos temporales. Ni qué decir tiene que una lesión en una de estas áreas produce la pérdida o degradación del correspondiente sentido.
La transmisión del impulso de una neurona a otra se realiza mediante mensajeros químicos, que salvan la distancia entre ellas en las regiones sinápticas. Una determinada neurona es sólo sensible a determinados mensajeros.
Áreas de asociación
A pesar de las múltiples investigaciones, se conoce poco sobre ellas, pero sí se sabe de su importancia. En los humanos se han detectado dos áreas de asociación, cuya relación está en el control del aprendizaje, el reconocimiento y la imaginación.
La primera, el área de asociación frontal, tiene que ver con los estados anímicos. Psiquiátricamente se ha recurrido a la lobotomía –extirpación de los lóbulos frontales del paciente– para reducir los estados depresivos graves.
La otra área de asociación es la POT (parietal-occipital-temporal). En experiencias clínicas se ha comprobado que es la reguladora de la capacidad de reconocimiento de situaciones y objetos.
La función del cerebro es la de coordinar los impulsos sensoriales que recibe y emitir otros impulsos (órdenes) hacia las glándulas y músculos del organismo, provocando su actividad.