La Tierra mantiene cierto equilibrio térmico. Nuestro planeta intercepta unos 175.000 millones de MW por minuto; una parte de esta energía se refleja directamente, y otra se remite en forma de radiación de longitud de onda superior, que también se pierde en el espacio.
Esta relativa estabilidad de las condiciones térmicas se debe a que la radiación de un cuerpo es proporcional a la cuarta potencia de la temperatura, lo que significa que si aumenta la radiación recibida, la proporción de aumento de temperatura terrestre y la radiación emitida será mucho mayor.
No obstante, dicho equilibrio debe entenderse en términos generales, ya que alberga numerosas singularidades y una amplia variedad de regímenes térmicos.
Sin embargo, como hemos indicado antes, las capas fluidas que rodean la Tierra contribuyen a minimizar las diferencias de temperatura que provocaría la distinta incidencia de la radiación recibida en función de la latitud.
El vapor de agua contenido en la atmósfera es un notable agente de transporte de calor; y otro lo constituyen las corrientes marinas, que en realidad configuran un auténtico circuito cerrado a nivel planetario (aunque circunscrito a la morfología de los océanos).
Esta circulación actúa sinérgicamente con la que tiene lugar en la atmósfera.
Si prescindiéramos del movimiento de rotación terrestre, podríamos imaginar un esquema de circulación en el que el aire frío fluiría en superficie desde los polos hacia el ecuador, mientras que desde éste se elevaría el aire caliente cargado de vapor, que se desplazaría en altura hacia el septentrión.
Sin embargo, el movimiento terrestre rompe este esquema teórico en tres células por hemisferio.
De estas células, las más próximas al ecuador son las más persistentes y constantes, y comprenden los vientos alisios, que impulsan el aire ecuatorial de este a oeste.
En esta zona la evaporación es importante, así como las precipitaciones hasta aproximadamente los 30º C, ya que a tales latitudes el aire ha perdido gran parte de su humedad dando lugar a una franja tórrida.
Las otras dos células convectivas son más irregulares en su funcionamiento, porque la distribución de los continentes influye en su dinámica.
El límite entre ambas se sitúa entre los 50º y 60º de latitud, aunque es ondulante y fluctúa de manera local y estacional, determinando el régimen de frentes y borrascas, con sus precipitaciones asociadas, propio de las regiones templadas.
¿Qué radiación solar capta la Tierra?
Nuestro planeta intercepta unos 175.000 millones de MW por minuto.
¿Cómo influye la luz en la naturaleza?
Influye de forma decisiva en la distribución de las plantas verdes, los productos primarios de los ecosistemas.

